viernes, 26 de diciembre de 2008

CAPÍTULO XXXVII

Al ver un caballito arcaico en una vitrina no pude contener mi entusiasmo. Era realmente una maravilla.

Cristian Zervós me dijo:

-Si le gusta, puede llevárselo.

Yo creí que se trataba de una broma.

-Le pondré unas ruedas para que juegue con él mi niña.

Pero el regalo fue una cosa seria y aquel caballo, con su documentación acreditativa de su origen y autenticidad, a las pocas semanas cabalgaba sobre mí hacia América.





Texto nudo tomado de El caballo griego en Manuel Altolaguirre. Obras completas, I. Edición crítica de James Valender. Madrid, Bella Bellatrix/Istmo, 1986.