viernes, 26 de diciembre de 2008

CAPÍTULO XIII

Volví a Madrid, en donde me admitieron como expedicionario del río Amazonas, expedición que nunca llegó a realizarse pero que me entretuvo varios meses colaborando en los preparativos de la marcha, consiguiendo que el «Artabro», nuestro navío, también tuviera imprenta. Dejé la expedición para casarme. Con Concha Méndez, mi mujer, continué trabajando en la imprenta, primero en Madrid, con la revista Héroe (1932) y luego en Londres en donde publicamos la revista 1616 (1934-35), el año de la muerte de Shakespeare y de Cervantes. Desde entonces mis libros se alternan con los suyos. Mi Lenta libertad (1936) con su Niño y sombras (1936). Mi biografía de Garcilaso (1933) con su teatro infantil El carbón y la rosa (1935).

Recuerdo que, entre las noticias y comentarios que de nuestra imprenta se publicaron en España, hubo uno muy notable de Gómez de la Serna, que publicó una novelesca greguería sobre nuestra imprenta, en la que aparecíamos como posibles monederos falsos en Londres.

Seguimos publicando nuestros libros. Del teatro de Concha, de su Solitario, son estos versos dichos entre el farero y un personaje que representa el tiempo:

TIEMPO: Yo el tiempo doy sobre ti.
Caigo sobre tu memoria
como torrente de historia
en un mar de frenesí.
Desemboco, aumento así,
los mates de mi pasado.
En ellos llevo ganado
lo que tú tienes perdido.
Son mis aguas el olvido,
turbio alud encenegado.